Sola, como ahora. Sola, como siempre.
Sola. Sola
otra vez. Sola como al principio de todo. Sola, como siempre. Renazco y vuelvo
a estar sola. Vuelvo a empezar a llorar como si nunca hubiese aprendido que
hacerlo no me va a servir para conseguir lo que quiero, pero dos veces son
suficientes para volver a darme cuenta de que estoy sola, que llorar, no sirve
de nada.
Lloro y lloro
y sigo estando sola. Lloro y todo sigue igual. Lloro y sigo sin tener a nadie a
quien recurrir como hace casi 19 años, cuando estaba sola. Sola, como ahora.
Sola, como siempre. Lloro y sigo sin saber qué hacer, como hace casi 19 años,
cuando estaba sola. Sola, como ahora. Sola, como siempre.
Lloro porque
no siento más que un dolor y un vacío desgarrador en mi interior. Pero ¿de qué
sirve llorar? Sigo estando sola, sigo sin saber qué hacer, nadie me va a
ayudar. Sigo siendo yo sola contra el mundo, como hace casi 19 años, cuando
estaba sola. Sola, como ahora. Sola, como siempre.
No le importo
a nadie, pero se supone que sí. Quizá es porque necesito importar más y ser más
querida de lo que soy capaz de importarle a la gente, de lo que la gente es
capaz de quererme. Quizá es porque no estoy hecha para este mundo. Quizá es
porque no estoy hecha para vivir.
Supongo que
esta soy yo, alguien que cuando llora se siente sola y sigue estándolo. Alguien
que intenta llenar ese vacío eterno con cosas que hacer la mayor parte del
tiempo posible. Para no pensar, para no darme cuenta, para no sentir ese vacío
que me persigue desde hace casi 19 años, cuando estaba sola. Sola, como ahora.
Sola, como siempre.
Comentarios
Publicar un comentario